Fundación SCP
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jueves, 17 de octubre de 2019
Registro de Lugares Inexplicables
Prefacio: Esta página está dedicada a la documentación de lugares anómalos de baja amenaza que han sido descubiertas por la Fundación SCP a lo largo de los años. Aunque todos los lugares enumerados en este documento ordenan medidas de seguridad y encubrimiento, ninguno de ellos está estrechamente ligado a una causa anómala subyacente o considerado una prioridad de contención o de investigación suficientemente alta para garantizar la completa documentación de los Procedimientos Especiales de Contención. Esta lista puede utilizarse como un recurso si el conocimiento de estos lugares se vuelve útil o necesario en el futuro.
– Doctor ██████ █████, Jefe de Contención, Sitio ██
Lugar Inexplicable ES-251872
Descripción de la Locación: Un área submarina de 421 m3 cuyo índice de salinidad es de 0,4 g/L, lo que se considera "agua dulce". El agua salada de su alrededor no se mezcla con esta. El área está habitada por ejemplares no anómalos de esox lucius (lucio europeo).
Fecha de Contención: 12-05-1996
Ubicación: Mar Mediterráneo, 34.██████ºN / 18.██████ºE, a ███ metros de profundidad.
Protocolo de Seguridad: Se ha establecido en la superficie un perímetro alrededor del área, con carteles de advertencia de pruebas armamentísticas.
Lugar Inexplicable ES-327808
Descripción de la Locación: Unos diez metros cuadrados de zona verde con césped no anómalo. Cualquier viandante que la atraviese fallecerá siete horas después de hacerlo. Las causas de la muerte no parecen estar relacionadas entre sí y parecen ser inevitables.
Fecha de Contención: 10-10-2010
Ubicación: Cruce entre las Calles Madagascar y Toreador, Huelva, España
Protocolo de Seguridad: Registros de posición y rutas seguidas por las víctimas conocidas alterados o eliminados. Testigos amnestizados. Instalación artística construida sobre toda la zona verde.
Lugar Inexplicable ES-613904
Descripción de la Locación: Un sótano de un domicilio particular, en el que es imposible producir luz artificial. Las linternas fallan, las cerillas o antorchas se apagan, las gafas de visión nocturna dejan de funcionar. Sin embargo, el instrumental que involucra sonido o telemetría láser resulta efectivo. No se halló nada de interés en el interior.
Fecha de Contención: 16-04-2004
Ubicación: █████████, Massachusets, Estados Unidos
Protocolo de Seguridad: El domicilio ha sido comprado por la Fundación. Se han instalado medidas de seguridad estándar.
Nota: Se ha taladrado un agujero a modo de tragaluz. La luz natural puede iluminar el sótano sin problema.
Lugar Inexplicable ES-175936
Descripción de la Locación: Un área de 10 metros cuadrados en un pinar, en la que se escucha cíclicamente la canción Back in black, del grupo AC-DC, a 27 db. No se encuentra la fuente que emite esa canción.
Fecha de Contención: 04-03-1998
Ubicación: █ km. al norte de █████████, Italia
Protocolo de Seguridad: El pinar ha sido recalificado como parcela urbanizable, la cual ha sido comprada y vallada.
Lugar Inexplicable ES-537968
Descripción de la Locación: Una celda ubicada en el ala de contención humanoide del Sitio-55. Cuando un sujeto humano no anómalo cruce el umbral de la sala, recibirá instantáneamente un puntapié en alguna parte del cuerpo. Sujetos humanoides que poseen alguna capacidad anormal no podrán ingresar en la celda, no importa qué método se utilice para su ingreso.
Fecha de Contención: [CENSURADO]
Ubicación: [CENSURADO]
Protocolo de Seguridad: La celda ha sido clausurada por órdenes del supervisor ████████ e investigaciones posteriores no son necesarias. Los registros de la sala han sido eliminados para evitar errores en el traslado de objetos SCP.
Lugar Inexplicable ES-689840
Descripción de la Locación: Una estancia cúbica de muros de hormigón a diez metros bajo tierra. No hay formas obvias de acceder a la estancia. La estancia contiene aire fresco sin contaminantes y mantiene una concentración de oxígeno normal del 21% a -3°C en todo momento por medios no aclarados.
Fecha de Contención: 20-04-2005
Ubicación: [CENSURADO]
Protocolo de Seguridad: Tras clausurar las obras del rascacielos cuyos cimientos iban a encontrarse con la sala, se compra el terreno y se instala el Sitio-██ de Mando. Juego de sensores instalado en torno a la sala.
Lugar Inexplicable ES-865776
Descripción de la Locación: Una vía férrea entre dos pueblos. En un punto de los raíles, cualquier objeto es intangible con los trenes que recorren el tramo. Esto se aplica también a animales y personas. Si en vez de un tren es otro objeto lo que avanza por la vía, no habrá intangibilidad.
Fecha de Contención: 16-04-2017
Ubicación: Línea Mengíbar-Las Infantas, Jaén, España
Protocolo de Seguridad: Se ha instalado una valla a lo largo de la vía para impedir el paso a animales salvajes, ganado extraviado y suicidas. La ubicación está lo suficientemente alejada de los dos pueblos, lo cual ayuda a su contención.
miércoles, 11 de septiembre de 2019
Muerto de Miedo
wander-nameless 23/1/17 (Lu) 7:32:55 #92638920
Me quedé despierto hasta tarde anoche después de hacer un descubrimiento fascinante, uno que quería compartir inmediatamente. Por supuesto, ese fue el momento exacto en el que mi internet optó por fallar. Pero hoy es un nuevo día, y estoy aquí para compartir información que probablemente olvidaste.Si eras como yo de niño, probablemente no estabas interesado en leer nada. Excepto, por supuesto, la serie "Muerto de Miedo".Muerto de Miedo era una serie de libros de terror para niños publicados a finales de los 90 y principios de los 2000, siguiendo los pasos de Historias de miedo para contar en la oscuridad y Pesadillas. Es difícil decir cuántas había, pero una estimación razonable sitúa los números entre 35 y 50 novelas, cada una de 100-200 páginas de largo. Según recuerdo, estos libros fueron comercializados para niños a los que no les gustaba leer, y por lo general tenían un sentido del humor bastante seco y macabro. Cada libro presentaba un conjunto diferente de personajes que se enfrentaban a un reto inusual y horrible. A pesar de la horrible premisa, la mayoría de los libros terminaban bien para sus protagonistas, pero muchos presentaban algún tipo de ambiguo giro de "o son ellos" al final. No le fue muy bien bajo la sombra de las series mencionadas anteriormente, que eran honestamente de mejor calidad, y se desvaneció en el olvido a finales de los años 2000.
s0sp00ky 23/1/17 (Lu) 7:55:12 #28362710
Olvidaste mencionar al autor, H.O.X. Blackthorn. Siempre pensé que era un seudónimo (las iniciales deletrean una posible ortografía fonética con "hoax"). Leí varios de ellos, y leí cerca de la mitad de varios más. Nunca pude llegar al final.
KatyDidnt 23/1/17 (Lu) 8:14:41 #48263911
¡Me olvidé completamente de Muerto de Miedo hasta que lo mencionaste! Tío, esa serie era una pasada. Le di a mi hermana una de mis copias, le di pesadillas durante semanas. Buenos tiempos. No me sorprende que esta serie termine recordada aquí, pero me pregunto qué horribles eventos/conspiraciones podrían estar conectados con esta serie.
wander-nameless 23/1/17 (Mon) 8:58:32 #82263919
No se han descubierto (todavía) eventos horribles, pero sí una conspiración bastante extraña.Veréis, investigué mucho anoche y estoy seguro de que Muerto de Miedo no existe. Hacedme caso un segundo.Como otros, pensé que H. O. X. Blackthorn era un seudónimo, y cuando lo busqué anoche mis sospechas estaban bastante confirmadas, no es ninguna sorpresa. Pero su búsqueda reveló una cantidad sorprendentemente pequeña de información. Quiero decir, wikipedia tenía una página para esa horrible imitación de Pesadillas, "Escalofríos", pero nada para Muerto de Miedo. Pude encontrar algunos mensajes en el foro que lo mencionaban de pasada, y pude discernir desde allí que los libros fueron publicados por "Editorial Laguna". No existe ningún registro de tal editor, y la palabra "laguna" significa un vacío en el lenguaje.Los pocos títulos que recuerdo no produjeron ningún resultado al ser buscados. Busqué en algunos catálogos antiguos y no encontré ninguna mención de los títulos. Me pasaré por mi biblioteca más tarde para ver si tienen copias del libro en stock o en archivo.
KatyDidnt 23/1/17 (Lu) 9:20:29 #62378267
¡Raro! Sabes, solía pensar que esas historias predecían el futuro. Recuerdo haber leído uno sobre los horribles terremotos que desgarraron la tierra en dos, y la semana siguiente hubo un terremoto bastante grande en el bosque. Estaba convencido de que la lectura del libro lo había causado. Así que lo releí esa noche, lol.
Whomst-Will-You-Call 23/1/17 (Lu) 10:42:16 #03642937
Mi hermano leyó el de los niños que se convierten en loros, y al día siguiente juró que tosía plumas. Siempre pensé que estaba siendo un cabrón y nos estaba tomando el pelo.
wander-nameless 23/1/17 (Lu) 12:53:04 #38295661
Acabo de volver de la biblioteca. No tenían ninguna copia física en stock, no es ninguna sorpresa, pero cuando la busqué en el catálogo de la computadora, no encontré nada. Como, nada de nada. Lo que es raro, porque sé que leí varios de ellos al sacarlos de la biblioteca. Intenté buscar en la Editorial Laguna, y de nuevo no surgió nada.Es curioso que mencionéis los libros que parecen predecir el futuro, recuerdo haber pensado que los libros causaron el futuro. Leí un libro en el que un tipo estaba atrapado en un bucle temporal, y tuve el más extraño deja vu durante días.
s0sp00ky 23/1/17 (Lu) 2:24:15 #14293674
Probablemente sea una coincidencia. Como el asunto de los Osos Berenst(a/e)in, ya sabes, donde hubo una decisión arbitraria tomada en algún lugar de la rama que tiene efectos de largo alcance y hace que gente como nosotros se vuelva loca en busca de sentido. Aún así, es un buen viaje por el mundo de los recuerdos. Mi favorita era aquella en la que la chica se vuelve invisible, aunque yo no creía que me hubiera vuelto invisible después.
KatyDidnt 23/1/17 (Lu) 5:16:01 #14233187
> s0sp00ky: Cree que es una coincidencia> s0sp00ky: Postea en Parawatch
Whomst-Will-You-Call 24/1/17 (Ma) 3:07:48 #03642937
Al principio pensé que estabais siendo ridículos, pero investigué un poco. He investigado mucho. Un montón. Y he vuelto para compartir lo que he aprendido.Podemos ser más exactos sobre las fechas de lanzamiento, el primero fue lanzado en 1997 y el último en 2003. Según mis cálculos, hay unos 44 libros, más o menos unos pocos. Al parecer, Laguna sólo operaba para publicar estos libros. Mi investigación inicial me llevó a creer que los libros se distribuían por toda América, pero he descubierto agujeros en la distribución en el sur, el medio oeste y algunos otros lugares (principalmente Hawái y Alaska). Seguí investigando. Y cuanto más investigaba, más recordaba, y recordaba algo bastante grande.H. O. X. Blackthorn es mencionado en cada libro. Estoy casi seguro de esto, cada libro que leí tenía una mención de él y he visto al menos otra persona mencionar que el avatar del autor apareció en los libros. Además, la referencia es siempre la misma, un hombre anónimo vestido de gris, que busca a Blackthorn (a mi memoria, a veces se escribía que buscaba "una espina negra" debido a la ignorancia de los personajes). Que yo sepa, cuanto más tarde se publicaba el volumen, más desesperado se sentía el hombre, a pesar de que nunca parecía estar más cerca de su objetivo.Aquí es donde se pone (más) raro: este hombre misterioso existe. Hay grabaciones en Internet de un hombre que viste un avatar de traje gris para buscar Blackthorn. Al principio pensé que estaba imitando al personaje en un intento de encontrar a Blackthorn, pero los ejemplos de su correspondencia se remontan a 1993, varios años antes de la publicación de la primera novela. Alguien estaba buscando a Blackthorn. Blackthorn conocía e hizo de este hombre un personaje de sus libros.Y lo más raro es que no sé si esto es un sueño, un recuerdo o una fantasía, pero juro que conocí al hombre del traje gris. Y me advirtió que evitara los libros de Blackthorn. Me dijo que traían problemas. Y a pesar de que es real, me pregunto si debería creerle. Porque sólo he descubierto un foro similar a este en el que alguien menciona de pasada las propiedades aparentemente predictivas/causales de estos libros. Pero he descubierto al menos media docena de noticias sobre desastres locales en las que se hace referencia a la serie como un retrato de eventos similares, o bien como un catalizador o inspiración para el evento. Algo malo pasó con estos libros.
KatyDidnt 24/1/17 (Ma) 9:34:21 #927648302
Mierda. Así que todo eso combinado con lo de anoche y me estoy asustando un poco. Bueno, más asustado de lo normal.Anoche hablé con mi hermana sobre Muerto de Miedo (ella pensó que era Pesadillas al principio). La que la asustó fue una especie de trama de Toy Story vuelto horror, ¿básicamente los juguetes del personaje principal cobraron vida y empezaron a tramar una trampa para atrapar al prota como venganza por estar atrapado o algo así? Imaginaos la escena de Sid, pero los juguetes son malvados. Dijo que se deshizo de todos sus juguetes casi inmediatamente. Le pregunté si había alguna otra razón. Dijo que por la noche sabía exactamente dónde estaba cada juguete, y cuando se despertó todos se habían movido y se habían acercado a ella. Se rió diciendo que de niña tenía una imaginación muy viva. Ahora no estoy tan seguro.La pregunté si recordaba algo sobre Blackthorn. Dijo que recordaba esa escena específicamente del libro porque tenía un extraño deja vu con una conversación que tuvo poco después de leerla. Dice que cree que fue un sueño. Ya no sé qué pensar. Conozco a alguien que sabe algo de edición, voy a ver si puede averiguar algo sobre Laguna.
s0sp00ky 24/1/17 (Ma) 5:35:17 #91627381
No os lo vais a creer, he encontrado a alguien vendiendo un ejemplar del libro de loros en eBay. Entré y pujé más que las dos ofertas que había recibido y pedí que se entregaran con urgencia, debería estar aquí el viernes. Estoy tratando de ponerme en contacto con el vendedor, para ver qué sabe.Recordé un poco mejor la trama del libro de la invisibilidad. Resulta que el prota no le teme a la invisibilidad, sino a ser ignorado. Definitivamente recuerdo haberme sentido ignorado en ese momento de mi vida. No estoy diciendo que algo raro de verdad está pasando, pero voy a ver qué puedo hacer cuando tenga tiempo libre. Averiguar si algo de esto tiene sentido.
wander-nameless 25/1/17 (Mi) 1:42:51 #91528364
La investigación sobre Blackthorn no ha dado resultado. La investigación sobre los títulos no ha aportado nada. He estado siguiendo los hilos del foro y contactando a la gente para ver si saben algo, nada todavía. Estoy visitando la casa de mis padres este fin de semana, tal vez mirando a través de cajas viejas de libros pueda revelar algo. Estoy tratando de rastrear esto a través de todos los trucos que se me ocurren. Algo tiene que suceder, estamos cerca de descubrirlo, puedo sentirlo.
Whomst-Will-You-Call 26/1/17 (Ju) 8:30:37 #82619367
Estoy investigando al tipo que estaba buscando a Blackthorn. Encontré un montón de cosas raras, pero sin suerte todavía. Os mantendré informados.
KatyDidnt 27/1/17 (Vi) 7:22:10 #92648302
Tengo malas noticias. ¿Quizás sean buenas noticias? Al menos son noticias normales.Hablé con mi amigo editor, y después de un poco de investigación, descubrieron a Laguna. Era una pequeña editorial boutique que parecía estar dedicada exclusivamente a publicar los libros de Muerto de Miedo en los Estados Unidos contiguos. Aparentemente, no podían distribuirlos por todo el país y tenían que comercializar estratégicamente las regiones en las que pensaban que se venderían los libros, lo que explicaría las aparentes brechas en las regiones.Descubrí otra cosa fascinante, aunque un poco aburrida. Los libros no son originalmente ingleses, son alemanes. "Angsthase" (más o menos "miedoso" en español) fue una serie de terror para niños alemanes publicada entre 1990 y 1996. 44 libros, cada uno de los cuales documenta un nuevo elenco de personajes infantiles que se enfrentan a algún escenario de horror, los títulos y las tramas aproximadas de los libros se corresponden uno a uno con toda nuestra información actual de Muerto de Miedo. El autor acreditado de Angsthase fue "D. E. K. Schwarzdorn" con D. E. K. presuntamente era un deletreo fonético de "deck" para "deckname", aproximadamente "nombre en clave" en español y Schwarzdorn traduciendo a, ya lo adivinasteis, Blackthorn. Se cree que el trabajo de Schwarzdorn es el trabajo combinado de varios autores de libros infantiles alemanes, como series similares de serialización/antología anteriores (pensad en Nancy Drew, Hardy Boys). Blackthorn es un misterio porque no existe, y presumiblemente el tipo del traje gris es sólo un tipo que leyó el alemán y estaba roleando.De esto puedo llegar a una de dos conclusiones:1. Laguna era una pequeña editorial que cerró unos pocos años después de su apertura y por alguna razón fue borrada de los registros por vergüenza o simplemente olvidada con el tiempo.2. Laguna intentó volver a publicar la serie Angsthase como Muerto de Miedo, y alguien del equipo original alemán se enteró y les dijo que dejaran de hacer esa mierda, eliminando todo rastro de Muerto de Miedo que pudieran.Todo esto es para decir que no creo que estos libros sean tan extraños. Tal vez sólo tratamos de establecer coincidencias en estos extraños libros durante nuestros años de formación. Quizá haya una conspiración, pero no llega hasta el final. Lo siento chicos, mejor suerte la próxima vez.
s0sp00ky 27/1/17 (Vi) 4:35:37 #62719362
El libro llegó aquí. Cuando lo abrí, la primera página viene con una bolsa de plumas y varios juegos de instrucciones para hacer bromas con ellos. El vendedor era un hombre alemán, pensó que había encontrado una rara traducción inglesa de un libro de Angsthase, que en cierto modo tenía. Es por eso que la subasta fue tan difícil de encontrar para empezar, estaba buscando el nombre equivocado. Creo que éramos sólo niños con una imaginación inquieta que, una vez más, se vieron inmersos en la historia como adultos.
Whomst-Will-You-Call 28/1/17 (Sá) 11:06:21 #16273521
Los posts del hombre misterioso eran un bulo. Los posts fueron hechos para que parecieran extrañamente viejos, y la persona que aparentemente los publicó dijo que nunca había oído hablar de la serie en su vida, lo que me llevó a creer que todo el asunto era una farsa.
wander-nameless 29/1/17 (Do) 9:58:21 #56271425
Visité a mis padres este fin de semana, les pregunté si recordaban a Muerto de Miedo, me dijeron que no. Le pregunté si podía revisar los libros viejos. Después de revisar algunas cajas, encontré un libro de la serie, uno que nunca había leído. Libro 44. Se llamaba "DevilsCrown.os" y trataba de un niño que intentaba programar una aventura de texto. La aventura de texto era una historia sobre un dramaturgo que intentaba completar un guión. A partir de lo que nos cuenta la historia, el guión en el que el dramaturgo está trabajando se centra en un artista que se enfrenta a una profunda depresión, y se hace hincapié en una secuencia onírica que el artista tiene (una narración dentro de la narración), en la que hay que tener en cuenta cada uno de los posibles comandos para representar los diferentes caminos que el artista y, por lo tanto, el dramaturgo podrían tomar. Para manejar el poder de procesamiento de todos estos comandos teóricos, el niño compra un nuevo ordenador, un disco duro de color negro azabache que ejecuta un sistema operativo llamado DevilsCrown. En la típica moda de Muerto de Miedo, cosas raras empiezan a suceder mientras trabaja en el juego. Líneas de código que él nunca escribió aparecen, cosas importantes son borradas, y su casa sigue experimentando apagones. Poco a poco, la secuencia del sueño desaparece, luego el guión completo del dramaturgo y luego el juego con el dramaturgo. La historia termina con un corte de luz que hace creer al niño que se ha quedado ciego, ya que la nada parece rodearlo. Ve una luz cegadora, camina hacia ella y la historia termina.Aparece el hombre de gris. Aparece como un personaje menor en el juego, un amigo del dramaturgo, que empieza a hablar con el niño. O eso parece. Después de que el niño finalmente reconoce que el hombre está hablando más allá de su guión y más hacia el niño, el discurso del hombre cambia de las citas a la narración, un conmovedor cambio que hace que parezca que está hablando con el público.Deja de buscar a Blackthorn. No lo encontrarás, y sólo te espera la miseria en el camino que tienes por delante.Eso no es diálogo, eso no es parte del monólogo interno del personaje. Eso lo dice el hombre gris al lector.Lo sé, sé que estoy divagando, pero no sé qué más hacer. No puedo explicarlo, pero creo que estoy en peligro. Se me fue la luz en cuanto llegué a casa. Juro que me sigue alguien con un traje gris, y si lo oyera de otra persona, pensaría que estaría enloqueciendo. Quién sabe, tal vez estoy loco.¿Pero cómo explicas las cosas terribles que pasaron? Sé que los humanos pueden encontrar patrones en todo, pero cada persona que recuerda estos libros que experimentan exactamente la misma ficción que cobra vida no es una coincidencia, es definitivamente un patrón, y no uno que presagia algo bueno. No creo que me asuste fácilmente, pero no debería haber leído esto. No debería haber sacado esto a relucir, algo malo está pasando, y no sé qué. Tengo miedo de ir a casa, y sé lo patético que suena, pero no estoy loco. O tal vez lo estoy. Pero incluso si estoy loco, no me lo estoy inventando.Si lo que pasa en la historia se hace realidad, entonces yo soy el siguiente. Soy el siguiente en desaparecer. Y no sé cómo evitarlo.
wander-nameless 30/1/17 (Lu) 8:23:16 #32719352
Jaja, muy gracioso. Me convenciste, quienquiera que haya hackeado mi cuenta. Una historia muy inteligente. La única razón por la que te saliste con la tuya es porque mi wifi ha estado fuera durante una semana y no he podido conectarme a Parawatch. Estoy cambiando mi contraseña, pidiendo a los administradores del sitio una investigación inmediata sobre quién secuestró mi cuenta, y pidiendo que este hilo se bloquee para no confundir a los visitantes del sitio en la creencia de este bulo tan obvio.
jueves, 15 de agosto de 2019
Directo a Vídeo: Cena Dominical
cthulahoop 12/04/12 (Ju) 12:06:22 #12766349
Cubierta original en VHS de Cena Dominical(1983).
La premisa de una verdadera "película snuff" comercial ha hechizado a los espectadores y a los cineastas a lo largo de los años. Desde las leyendas urbanas sobre el suicidio en el trasfondo de El Mago de Ozhasta la campaña de desinformación en torno a El Proyecto de la Bruja de Blair, el público y los directores han conspirado indirectamente para lograr la aparición de una auténtica "muerte en video" durante décadas.
La ironía es palpable: los registros de muertes genuinas se pueden obtener casi sin esfuerzo. Los medios de comunicación proporcionan imágenes interminables de la guerra; mientras tanto, uno sólo necesita abrir un libro de historia para encontrar innumerables imágenes de ejecuciones, asesinatos en masa y violencia sin sentido. Pero estas muertes se presentan como informativas en lugar de excitantes, separadas del objetivo hambriento de la cámara. No murieron por el gozo de verlos.
La película snuff es más intimista, más voyeurista. Aunque puede enmarcarse como meramente "instructivo" (como el emblemático clásico de 1978, Faces of Death), este artificio es meramente para aplacar nuestro sentido de culpa el tiempo suficiente para ver a alguien morir para nuestro disfrute. ¿Y no es ese el punto? Cuando Hideshi Hino droga, secuestra y descuartiza a una bella mujer durante varias horas en la película de terror japonesa de 1985, Guinea Pig 2: Flor de Carne y Sangre, ¿no está claro que esto es para nuestra propia satisfacción? ¿No supone el encuadre de la película (imágenes tomadas por el propio asesino) que el asesino quiere que veamos? ¿Incluso participar? Cuanto más difícil es distinguir un asesinato auténtico, más tentador se vuelve. Calmamos nuestra conciencia diciéndonos a nosotros mismos que es sólo una película, mientras que una vocecita se burla de nosotros y nos emociona con sólo un susurro: pero, ¿y si no lo es?
Esta dedicación celosa a la verosimilitud a menudo tiene un costo. Hideshi Hino ha tenido que demostrar sus efectos especiales a autoridades escépticas en múltiples ocasiones (incluso llegando a explicarlos en otra película, The Making of Guinea Pig). El director de Holocausto Caníbal (1980) apareció en la corte con su elenco para probar que no estaban realmente muertos. Incluso Faces of Death todavía recibe protestas periódicas por la escena del "cerebro de mono" (el mono no fue dañado; los mazos eran espuma y los cerebros coliflor).
En 1983, Goldhaus Distributors estrenaron Cena Dominical. La versión más conocida es la de dos horas y media de duración, que consiste en cortes entre seis cámaras diferentes ocultas por toda la casa. Durante los primeros cuarenta y cinco minutos, vemos a una familia - un padre, una madre, dos hijos y una hija - teniendo una cena dominical normal. Las imágenes granuladas y de baja calidad y la falta de diseñador de sonido ayudan a venderlas como auténticas. Luego, el metraje llega al ático; desordenado, pero aparentemente deshabitado. De vuelta a la familia, cabezas agachadas. La hija está bendiciendo la mesa. De vuelta al ático.
Algo pasa por delante de la cámara.
No hay pistas musicales, no hay sonidos impactantes; sólo la intrusión silenciosa de algo que no pertenece. El efecto de esto es asombroso debido a que no trata de serlo.
De vuelta a la familia, disfrutando de la cena y charlando sobre el día del otro. Nos enteramos de que uno de los chicos tiene problemas en la escuela. Algo sobre un matón. La madre desaprueba la violencia, pero el padre quiere que se defienda. El otro hijo, desesperado por evitar lo que probablemente sea una riña matrimonial recurrente, interrumpe ofreciendo su último logro escolar. Obtuvo un notable alto en su examen de matemáticas. El padre y la madre dejaron su discusión a un lado el tiempo suficiente para expresar su orgullo. Mientras tanto, la hija se queja de un dolor de estómago.
De vuelta al ático.
La figura ahora camina. No podemos ver su cara; está cubierta de un saco de arpillera cosido a mano. Es sólo ahora que los espectadores astutos comienzan a identificar pistas que indican su prolongada presencia: Latas de conserva vacías. Un cubo repleto de suciedad y de (presuntamente) excrementos. Montones de ropa usados como cama.
La escena continua. Durante ocho minutos, lo observamos caminar de lado a lado. Cuando se detiene abruptamente, casi parece que está mirando a la cámara.
De vuelta a la cena familiar.
Todos ellos están ahora tumbados en sus sillas o sobre la mesa, paralizados y gimoteando.
En este punto, la película procede de la forma esperada: la figura desciende y luego asesina metódicamente a cada miembro de la familia paralizado. La madre es aplastada (los huesos estallan) cuando es forzada a entrar al horno y luego asada viva. El padre es eviscerado, sus intestinos son forzados a bajar por su garganta. Ambos hijos son colocados en el interior de la nevera, donde sufren la agonía de la asfixia por el dióxido de carbono (el asesino se toma el tiempo necesario para vaciar cuidadosamente el contenido de la nevera antes de retirar las bandejas).
La hija es la última y más perturbadora. Esto se debe a que el efecto del paralizante (presumiblemente colocado en su comida) desaparece parcialmente. La audiencia es sometida a una escena insoportablemente extendida en la que se arrastra hasta el porche, sollozando y gritando pidiendo ayuda — solo para ser arrastrada de vuelta a su interior por el tobillo. Cuarenta y cinco minutos después, la película termina.
Como era de esperar, esta película (disponible en VHS a través del catálogo de pedidos por correo de Goldhaus Distributors) llamó la atención de las fuerzas de seguridad. El vídeo no estaba acreditado y los efectos (combinados con la granulada baja calidad de las imágenes) eran lo suficientemente buenos para que pareciera "demasiado auténtico". Este problema se vio agravado por el hecho de que Goldhaus Distributors (gestionado en su totalidad por una pareja casada fuera de su sala de estar) recibieron la película de un vendedor anónimo. No pudieron probar que no era real.
Pero, ¿lo fue? Había varias pistas, de las cuales la más importante era que no se había informado recientemente de ningún asesinato de este tipo. Las posiciones de las cámaras implicaban que no estaban ocultas en absoluto. La sincronización de los movimientos del asesino (y esa breve mirada a la audiencia) sugería la mano de un director. La queja de la hija de un dolor de barriga sonaba como un presagio. La muerte de la madre, aunque sorprendentemente gráfica, hizo que el asesino obstruyera nuestra visión en varios puntos clave (puntos en los que podría haberse cambiado de lugar con un maniquí). La cámara del porche se utilizó una sola vez, al final; su colocación fue muy conveniente. ¿Cómo pudo saber el asesino que la hija saldría por la puerta trasera?
Pero el argumento más convincente de todos era el más simple: ¿Por qué? ¿Por qué alguien se tomaría la molestia de esconder varias cámaras en la casa de una familia, viviendo en secreto en su ático, sólo para drogarlos, asesinarlos y luego enviar el material a un distribuidor de películas para su consumo público?
A pesar de estos puntos, Goldhaus Distributors retiró Cena Dominical de su catálogo y entregó todas las copias existentes al FBI. La investigación sigue su curso; la película en sí misma se convirtió en una nota al pie de la historia de la explotación del horror de serie B.
Luego, durante una entrevista en 2010 sobre Troma-Vision (un podcast de películas de terror de varios géneros), Brian Holdinger (un cineasta independiente) manifestó su fascinación por Cena Dominical. Una de los anfitriones (una actriz llamada Susan White) confesó una fascinación similar. Durante la siguiente discusión, se dieron cuenta de que tenían recuerdos drásticamente diferentes de lo que sucedió en la película. Para zanjar el debate, acordaron traer sus copias y verlas juntas.
Pronto descubrieron que ambos tenían copias completamente diferentes. En la de Holdinger, es una madre que vive sola con sus dos hijas. Las tres son drogadas, descuartizadas y luego hervidas vivas. En la de White, es una pareja de ancianos que viven solos — están enterrados en un hoyo en su sótano mientras gritan.
No fue hasta enero de este año que empezaron a encontrar cadáveres.
viernes, 16 de marzo de 2018
El Joven (por Dr Gears)
A nadie podía agradarle el cabo Lawrence. Eso no quiere decir que
nadie lo haya intentado, o que él haya sido antipático; simplemente era
uno de esos pocos que parecían estar "cableados" de manera diferente.
Sin embargo, en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, la
normalidad era, en el mejor de los casos, un término relativo, y uno que
tenía una relación mínima de vida, así tal cual era. Lawrence luchaba,
escuchaba las órdenes y no molestaba a los otros soldados, y eso era
todo lo que se necesitaba de él. Así que, ¿cuál era el problema si la
gente se sentía cada vez más incómoda cerca de él? En un lugar donde el
que la carne se pudriera de tus huesos mientras aún vivías era la base
de tus preocupaciones, un pequeño conflicto de personalidad estaba
varios niveles por debajo de un corte con papel.
Lawrence, por su parte, lidiaba con ello como siempre. Es decir, permaneció totalmente inconsciente de la evitación a su persona. De la misma manera que un hombre ciego de nacimiento no puede lamentar el recuerdo del color, el cabo Lawrence no podía lamentar la falta de compañía. Estaba callado, ya que no tenía a nadie con quien hablar, y aún así, ya que no tenía nada que hacer durante largos períodos de tiempo. La trinchera enemiga, a menos de una milla de distancia, se había quedado en silencio durante varios días, dejando que el aburrimiento y el nerviosismo calaran aún más de lo normal… junto con la inquietud que parecía irradiar de Lawrence como olas de calor.
La peor parte era que no había una razón distinta para sentir desagrado contra el cabo. Era un hombre sencillo, de estatura promedio, complexión promedio, insulso de voz y acción. Nadie podía recordarlo levantando la voz con alegría o enojo. Sin embargo, sí tenía manierismos extraños ocasionales. Tendía a mirar por uno o dos momentos más de lo que era aceptable para las personas. Raramente dormía, y sus compañeros de litera decían que murmuraba en sueños casi constantemente. El contenido de esas divagaciones nocturnas, cuando podían entenderse, a menudo eran extrañas y potencialmente inquietantes. Un soldado se mudó a otro cuartel cuando escuchó el nombre de su hija pasar por los labios del cabo Lawrence, seguido de una risa burbujeante y amortiguada.
Se teorizó fuertemente que sus comandantes lo enviaron más allá de la trinchera más por el deseo de tenerlo alejado que por su habilidad mínima de combate. Él y catorce de sus compañeros fueron enviados a través de las pesadillescas ruinas flageladas de la tierra de nadie entre las trincheras, para reconocer la trinchera enemiga y, de ser posible, asegurarla. Muchos parecían desear que Lawrence tuviera la oportunidad de demostrar su devoción a su país haciendo el último sacrificio por ello.
Fue mientras él se había ido, esa brecha de tres días cuando los hombres contuvieron la respiración, esperando una descarga sorpresa de proyectiles, que alguien comenzó a hacer preguntas. Donde antes, era casi tabú hablar del cabo Lawrence, desde la partida de tanto él y su "aura", el rumor parecía descender con la pasión de los negados. Nadie lo recordaba hablando de casa. No llegaron cartas olorosas, ni cartas empapadas y sucias. Él mencionaba sus sueños a menudo, y a veces se quejaba con los demás por las comidas o placeres perdidos, pero nunca con verdadera pasión.
Las preguntas comenzaron a flotar incluso entre los niveles superiores del mando. Nadie fue capaz de encontrar sus órdenes en la estación. Había venido con un escuadrón de refuerzos transferidos desde Francia… pero no había papeleo. El resto del escuadrón de refuerzo nunca había visto al hombre antes de haber sido reunido con él la noche antes del viaje, junto con los restos y trozos de otros escuadrones diezmados por los alemanes. Se filtraron susurros entre los gruñidos sobre que el cabo era una maldición. Casi todos los hombres que habían compartido un barracón con él habían desarrollado pie de trinchera, y las habitaciones que frecuentaba siempre parecían oler más a humedad y enfermedad, incluso para estar en una trinchera.
Los hombres enviados a la tierra de nadie con el cabo Lawrence escucharon y no se preocuparon por nada de esto. Para ellos solo era otro hombre entre muchos, todos con certificados de defunción esperando un sello que podría caer en cualquier momento. Se movieron rápida y lentamente, de cráter a cráter, deslizándose sobre barro resbaladizo y alambre de púas, lo único que parecía crecer en este yermo destruido. Cargando con el último esfuerzo supremo y dentro de la trinchera, fueron recibidos no con el áspero ladrido de las órdenes y fusiles alemanes… sino con un denso y cerrado silencio.
Preparándose para una emboscada, los hombres comenzaron a filtrarse hacia los túneles y salas de la trinchera.
Los hombres, ya nerviosos, no se calmaron con su investigación. Las trincheras apestaban a moho, sudor y un fino sabor a fruta podrida. Una baba vil y empalagosa parecía haberse acumulado en cada hendidura y grieta, pegajosa como engrudo y sarnosa para la carne. En un mundo donde las ratas y los insectos intentan arrebatarte comida de la boca incluso mientras comes, no vieron nada vivo, ni siquiera una mosca. Un arsenal sumido en el caos, municiones derramándose en el suelo, rifles tirados en el suelo como palos. Un comedor se había reducido a ruinas, las mesas y las sillas apiladas en el centro de la habitación, carbonizadas y retorcidas, con sus raciones aparentemente estampadas en la tierra por muchos pies. Y aún así, nada, ni vivo ni muerto, fue hallado por los cada vez más ansiosos soldados.
El soldado Dixon encontró el primer cuerpo, y logró pegar un grito antes de vomitar.
Sabían que había sido un hombre solo porque nada más de ese tamaño podría haber estado allí. Estaba en el suelo de un cuartel. En todo el piso. La carne estaba… untada, de alguna manera, extendida como mantequilla sobre el piso de tierra áspera. Sus huesos, que ya parecían picados y podridos, sobresalían en ángulos aleatorios, como árboles muertos en un pantano inmóvil. El cráneo descansaba en una de las literas más altas, de cara a la entrada, diez relucientes huesos blancos de las puntas de sus dedos embutidos en las rotas cuencas de sus ojos. Cuando un hombre fue a examinarlo, descubrió que la parte posterior del cráneo había sido aplastada, la esponja podrida y floja de una lengua metida en la cavidad, que de otro modo estaría seca.
Se encontraron más restos, cada uno aparentemente más inquietante y extraño que el anterior. Un anillo de manos en un poste de seguridad con sacos de arena, diez de ellos tenían los dedos entrelazados como una canasta, y las muñecas rasgadas y rotas. Dos hombres en un túnel, con la piel correosa y delgada como momias, cuencas oculares vacías y con los ojos abiertos, bocas imposiblemente anchas, sus ropas simples trapos bajo una espuma negra y aceitosa. La letrina envió incluso al más fuerte de vuelta, con arcadas y temblores. Rebosantes de excrementos y despojos, trozos de carne que se balanceaban y rezumaban en el lodo sucio… toda la superficie salpicada con lo que parecían miles de ojos limpios y lisos, nervios y tendones desplegados como colas de peces dorados.
El cabo Lawrence fue el primero en encontrar el agujero, los otros hombres debatiendo en voz alta la mejor parte del valor y su rápida retirada de la pesadillesca trinchera. Era pequeño, en una sección de excavación reciente, el comienzo de un nuevo brazo de trincheras que se proyectaba más cerca de las líneas enemigas. No más de un metro de ancho, parecía ser el descubrimiento accidental de una cámara natural, la negrura vacía desafiando la investigación. El soldado Dixon, recuperado y bendecido por sus experiencias previas, vio cómo el cabo empujaba el borde con la bota, luego se agachaba para mirar… y de repente se deslizaba de cabeza antes de que el soldado pudiera aunar preguntas.
Él era un buen soldado y se apresuró a percibir la angustia de su compañero. Cuando se le preguntó más tarde, podría proporcionar poca información sobre lo que sucedió durante los dos minutos que el cabo Lawrence pasó en el agujero. No pudo ver nada, la luz de una antorcha aparentemente engulló unos pocos metros en esa densa negrura. Hubo sonidos … el crujido del movimiento sobre piedras sueltas o escombros. Un extraño cambio de líquido, un crujido seco que le hizo pensar en las cáscaras de insectos que solía recoger en el verano. Mientras gritaba pidiendo ayuda, se produjo un súbito surco de un hedor repulsivo, como una casa de reptiles agrietada y vieja, y sus compañeros lo encontraron vomitando impotente junto al agujero cuando dieron la vuelta.
Cuando se apresuraron a ayudar al soldado Dixon, la mano salió del agujero. Se detuvieron y levantaron rifles como un solo cuerpo, rugiendo para que el dueño de esa mano pálida y temblorosa se identificara. Mientras observaban, otra mano se unió a la primera, seguida por la pálida y temblorosa cabeza del cabo Lawrence. Estaba veteado y manchado con un líquido negro alquitranado, cortando y tosiendo débilmente mientras arrastraba su cuerpo al lado del jadeante soldado. Mientras se movían para ayudar a los hombres, el cabo vomitó una fuerte corriente de la misma baba repulsiva que cubría su cuerpo con manchas y pecas; su cuerpo enroscado y tembloroso lo vaciaba más en sus pantalones saturados y sucios. Dudaron en tocarlo, pero finalmente lo hicieron después de que el río de mugre aparentemente interminable dejó de fluir de él. Estaba insensible, con ojos abiertos y anchos, su cuerpo tan flaco como un pez deshuesado.
Los hombres abandonan la trinchera a toda velocidad. Medio arrastrando al cabo, corrieron sin pensar en cubrirse ni en la muerte, solo en escapar. Cruzaron en un tiempo récord, cayeron en su trinchera de base como un gran montón de leña, jadeando y temblando; un hombre que golpeó a un alemán hasta la muerte con un ladrillo, acurrucado en el piso en un montón de sollozos. Los comandantes se movieron rápidamente, aislaron a los hombres e intentaron calmar a los más lúcidos para hacer un informe. Lo que se derramó habría sido inmediatamente descartado como mentiras y alucinaciones si no fuera por las miradas sinceras y suplicantes de aquellos que informaban. El comandante los calmó con explicaciones sobre fatiga de batalla y extrañas pruebas con armas de gas… y compartió miradas silenciosas y concentradas mientras los hombres acobardados eran conducidos afuera.
El cabo Lawrence tenía poco que informar. De su tiempo en el hoyo, él podría decir (o más bien diría) poco. Dijo que se había resbalado y había caído en lo que pudo haber sido un pozo subterráneo bloqueado durante mucho tiempo, o quizás una letrina enterrada. De los sonidos y olores reportados por el soldado, no tenía nada que decir, solo que había luchado poco tiempo, y luego logró salir justo cuando los hombres llegaron. Verdaderamente, no parecía estar peor por el desgaste. De hecho, parecía estar más animado de lo que muchos recordaban haberlo visto alguna vez, favoreciendo a los comandantes con una amplia y vertiginosa sonrisa mientras lo despedían con una advertencia de no discutir los eventos.
El cabo demostró ser un hombre diferente en los días siguientes. Era más hablador, pero rápidamente había hombres deseando su viejo e inquietante silencio. Él divagó acerca de las alegrías de espacios cercanos, de creación y destrucción que parecían surgir a su alrededor. Acerca de los placeres humanos perdidos, cuyas dimensiones y edades hicieron que algunos hombres amenazaran al cabo Lawrence con una muerte tranquila e innoble… que solo parecía estirar aún más la sonrisa casi constante en su rostro. El soldado Dixon, uno de los camaradas del cabo, le susurró a un amigo que se había despertado una vez para encontrar al cabo de pie sobre él en la noche, con los ojos tan brillantes y lisos como dólares de plata. Al día siguiente, encontraron que el soldado gruñía en el alambre de púas, con sus intestinos extendidos a casi tres metros a su alrededor en todas direcciones.
Ningún hombre de esa trinchera sobrevivió a la gran guerra, aunque pocos murieron en la batalla. Una oleada de enfermedad tomó la trinchera unos días después de la muerte del soldado Dixon. Una extraña y desagradable enfermedad, que parecía devorar la carne como ácido; los hombres despertando para encontrar carne previamente sana carcomida hasta los huesos, supurante y ennegrecida. Un sargento fue encontrado en una letrina, acosado por una alfombra viviente de ratas. Se negaron a abandonar el cuerpo incluso cuando les dispararon, y éstas atacaron a varios hombres antes de que el cuerpo fuera recuperado. El alivio finalmente llegó, la mayor parte de los hombres fueron enviados a varios hospitales, muchos muriendo antes de llegar a una cama.
El cabo Lawrence fue enviado a un pabellón psiquiátrico francés, transferido después de varias quejas del propio hospital donde fue enviado por primera vez. Parecía que su comportamiento insinuaba un creciente desequilibrio mental, que culminaba con un intento de asalto sexual a una enfermera, que terminó con la pérdida de tres dedos de su mano derecha, y la visión en su ojo derecho. El cabo despotricaría silenciosamente ante los otros pacientes, susurraría sobre interminables pasillos, buscaría en la oscuridad, con la carne extendiéndose como páginas de un libro. Fue despedido por demasiado estrés de posguerra, incluso cuando su comportamiento se volvió menos violento y más inquietante.
Desapareció varias veces de la sala, solo para aparecer varias horas más tarde, como si nada hubiera sucedido. Cuando se le presionaba, comenzaba a cantar "My Bonnie Lies Over The Sea" de forma interminable y monótona hasta que los doctores quedaban exasperados. Otros en la sala clamaban por ser transferidos del enajenado susurrante. Una hediondez rancia y mohosa parecía estar en el aire a dondequiera que se quedaba, y los incidentes de infección y esa enfermedad extraña y consumidora que había invadido su trinchera local parecían seguirlo como una nube. Se hicieron numerosos intentos para transferir al hombre, solo para encontrarse con la confusión burocrática. No se encontraron registros del hombre. No habían documentos de entrada, recomendaciones o incidentes, ni siquiera un certificado de nacimiento. A través de todo esto, se sentaba, durante horas y horas, con las piernas cruzadas en la cama, de vez en cuando tarareando sin melodía, o farfullando los nombres de sus compañeros de habitación entre risitas cortas y burbujeantes.
El cabo Lawrence y dieciocho hombres desaparecieron una noche de noviembre, entre una rotación de cinco minutos de enfermeras a las tres de la mañana. La habitación apestaba a óxido, aceite, moho y pudrición dulce. Gruesas franjas negras de excremento se desmoronaban cubriendo las camas y varias de las paredes, parches anchos que manchaban y devoraban el suelo. De los hombres, no había ningún signo, al principio. Mientras buscaban, una enfermera movió una cama a un lado, solo para gritar y casi tropezar con una de las hundidas y hediondas depresiones en el piso. En una espiral apretada y perfecta se veían cientos de dientes, que descansaban prolijamente en el suelo. Después de contar, representaron el total de todos los dientes de cada alma viviente en esa sala… excepto uno.
El cabo nunca fue encontrado, ni tampoco los hombres. El incidente fue tragado por el constante aluvión de horrores desde el frente, y olvidado con facilidad. Historias de una trinchera maldita vagaron por las líneas del frente, a menudo sofocadas por considerarlas de mala suerte. Aún así llegaron… historias de muertes extrañas, de hombres desaparecidos, encontrados días después, vivos, pero rotos y retorcidos más allá de la comprensión. Historias de una extraña y oscura figura acechando las ciudades bombardeadas de Europa.
Esta puede ser la única imagen conocida del cabo Lawrence jamás registrada, tomada varios días después de su regreso del agujero en la trinchera alemana.
Lawrence, por su parte, lidiaba con ello como siempre. Es decir, permaneció totalmente inconsciente de la evitación a su persona. De la misma manera que un hombre ciego de nacimiento no puede lamentar el recuerdo del color, el cabo Lawrence no podía lamentar la falta de compañía. Estaba callado, ya que no tenía a nadie con quien hablar, y aún así, ya que no tenía nada que hacer durante largos períodos de tiempo. La trinchera enemiga, a menos de una milla de distancia, se había quedado en silencio durante varios días, dejando que el aburrimiento y el nerviosismo calaran aún más de lo normal… junto con la inquietud que parecía irradiar de Lawrence como olas de calor.
La peor parte era que no había una razón distinta para sentir desagrado contra el cabo. Era un hombre sencillo, de estatura promedio, complexión promedio, insulso de voz y acción. Nadie podía recordarlo levantando la voz con alegría o enojo. Sin embargo, sí tenía manierismos extraños ocasionales. Tendía a mirar por uno o dos momentos más de lo que era aceptable para las personas. Raramente dormía, y sus compañeros de litera decían que murmuraba en sueños casi constantemente. El contenido de esas divagaciones nocturnas, cuando podían entenderse, a menudo eran extrañas y potencialmente inquietantes. Un soldado se mudó a otro cuartel cuando escuchó el nombre de su hija pasar por los labios del cabo Lawrence, seguido de una risa burbujeante y amortiguada.
Se teorizó fuertemente que sus comandantes lo enviaron más allá de la trinchera más por el deseo de tenerlo alejado que por su habilidad mínima de combate. Él y catorce de sus compañeros fueron enviados a través de las pesadillescas ruinas flageladas de la tierra de nadie entre las trincheras, para reconocer la trinchera enemiga y, de ser posible, asegurarla. Muchos parecían desear que Lawrence tuviera la oportunidad de demostrar su devoción a su país haciendo el último sacrificio por ello.
Fue mientras él se había ido, esa brecha de tres días cuando los hombres contuvieron la respiración, esperando una descarga sorpresa de proyectiles, que alguien comenzó a hacer preguntas. Donde antes, era casi tabú hablar del cabo Lawrence, desde la partida de tanto él y su "aura", el rumor parecía descender con la pasión de los negados. Nadie lo recordaba hablando de casa. No llegaron cartas olorosas, ni cartas empapadas y sucias. Él mencionaba sus sueños a menudo, y a veces se quejaba con los demás por las comidas o placeres perdidos, pero nunca con verdadera pasión.
Las preguntas comenzaron a flotar incluso entre los niveles superiores del mando. Nadie fue capaz de encontrar sus órdenes en la estación. Había venido con un escuadrón de refuerzos transferidos desde Francia… pero no había papeleo. El resto del escuadrón de refuerzo nunca había visto al hombre antes de haber sido reunido con él la noche antes del viaje, junto con los restos y trozos de otros escuadrones diezmados por los alemanes. Se filtraron susurros entre los gruñidos sobre que el cabo era una maldición. Casi todos los hombres que habían compartido un barracón con él habían desarrollado pie de trinchera, y las habitaciones que frecuentaba siempre parecían oler más a humedad y enfermedad, incluso para estar en una trinchera.
Los hombres enviados a la tierra de nadie con el cabo Lawrence escucharon y no se preocuparon por nada de esto. Para ellos solo era otro hombre entre muchos, todos con certificados de defunción esperando un sello que podría caer en cualquier momento. Se movieron rápida y lentamente, de cráter a cráter, deslizándose sobre barro resbaladizo y alambre de púas, lo único que parecía crecer en este yermo destruido. Cargando con el último esfuerzo supremo y dentro de la trinchera, fueron recibidos no con el áspero ladrido de las órdenes y fusiles alemanes… sino con un denso y cerrado silencio.
Preparándose para una emboscada, los hombres comenzaron a filtrarse hacia los túneles y salas de la trinchera.
Los hombres, ya nerviosos, no se calmaron con su investigación. Las trincheras apestaban a moho, sudor y un fino sabor a fruta podrida. Una baba vil y empalagosa parecía haberse acumulado en cada hendidura y grieta, pegajosa como engrudo y sarnosa para la carne. En un mundo donde las ratas y los insectos intentan arrebatarte comida de la boca incluso mientras comes, no vieron nada vivo, ni siquiera una mosca. Un arsenal sumido en el caos, municiones derramándose en el suelo, rifles tirados en el suelo como palos. Un comedor se había reducido a ruinas, las mesas y las sillas apiladas en el centro de la habitación, carbonizadas y retorcidas, con sus raciones aparentemente estampadas en la tierra por muchos pies. Y aún así, nada, ni vivo ni muerto, fue hallado por los cada vez más ansiosos soldados.
El soldado Dixon encontró el primer cuerpo, y logró pegar un grito antes de vomitar.
Sabían que había sido un hombre solo porque nada más de ese tamaño podría haber estado allí. Estaba en el suelo de un cuartel. En todo el piso. La carne estaba… untada, de alguna manera, extendida como mantequilla sobre el piso de tierra áspera. Sus huesos, que ya parecían picados y podridos, sobresalían en ángulos aleatorios, como árboles muertos en un pantano inmóvil. El cráneo descansaba en una de las literas más altas, de cara a la entrada, diez relucientes huesos blancos de las puntas de sus dedos embutidos en las rotas cuencas de sus ojos. Cuando un hombre fue a examinarlo, descubrió que la parte posterior del cráneo había sido aplastada, la esponja podrida y floja de una lengua metida en la cavidad, que de otro modo estaría seca.
Se encontraron más restos, cada uno aparentemente más inquietante y extraño que el anterior. Un anillo de manos en un poste de seguridad con sacos de arena, diez de ellos tenían los dedos entrelazados como una canasta, y las muñecas rasgadas y rotas. Dos hombres en un túnel, con la piel correosa y delgada como momias, cuencas oculares vacías y con los ojos abiertos, bocas imposiblemente anchas, sus ropas simples trapos bajo una espuma negra y aceitosa. La letrina envió incluso al más fuerte de vuelta, con arcadas y temblores. Rebosantes de excrementos y despojos, trozos de carne que se balanceaban y rezumaban en el lodo sucio… toda la superficie salpicada con lo que parecían miles de ojos limpios y lisos, nervios y tendones desplegados como colas de peces dorados.
El cabo Lawrence fue el primero en encontrar el agujero, los otros hombres debatiendo en voz alta la mejor parte del valor y su rápida retirada de la pesadillesca trinchera. Era pequeño, en una sección de excavación reciente, el comienzo de un nuevo brazo de trincheras que se proyectaba más cerca de las líneas enemigas. No más de un metro de ancho, parecía ser el descubrimiento accidental de una cámara natural, la negrura vacía desafiando la investigación. El soldado Dixon, recuperado y bendecido por sus experiencias previas, vio cómo el cabo empujaba el borde con la bota, luego se agachaba para mirar… y de repente se deslizaba de cabeza antes de que el soldado pudiera aunar preguntas.
Él era un buen soldado y se apresuró a percibir la angustia de su compañero. Cuando se le preguntó más tarde, podría proporcionar poca información sobre lo que sucedió durante los dos minutos que el cabo Lawrence pasó en el agujero. No pudo ver nada, la luz de una antorcha aparentemente engulló unos pocos metros en esa densa negrura. Hubo sonidos … el crujido del movimiento sobre piedras sueltas o escombros. Un extraño cambio de líquido, un crujido seco que le hizo pensar en las cáscaras de insectos que solía recoger en el verano. Mientras gritaba pidiendo ayuda, se produjo un súbito surco de un hedor repulsivo, como una casa de reptiles agrietada y vieja, y sus compañeros lo encontraron vomitando impotente junto al agujero cuando dieron la vuelta.
Cuando se apresuraron a ayudar al soldado Dixon, la mano salió del agujero. Se detuvieron y levantaron rifles como un solo cuerpo, rugiendo para que el dueño de esa mano pálida y temblorosa se identificara. Mientras observaban, otra mano se unió a la primera, seguida por la pálida y temblorosa cabeza del cabo Lawrence. Estaba veteado y manchado con un líquido negro alquitranado, cortando y tosiendo débilmente mientras arrastraba su cuerpo al lado del jadeante soldado. Mientras se movían para ayudar a los hombres, el cabo vomitó una fuerte corriente de la misma baba repulsiva que cubría su cuerpo con manchas y pecas; su cuerpo enroscado y tembloroso lo vaciaba más en sus pantalones saturados y sucios. Dudaron en tocarlo, pero finalmente lo hicieron después de que el río de mugre aparentemente interminable dejó de fluir de él. Estaba insensible, con ojos abiertos y anchos, su cuerpo tan flaco como un pez deshuesado.
Los hombres abandonan la trinchera a toda velocidad. Medio arrastrando al cabo, corrieron sin pensar en cubrirse ni en la muerte, solo en escapar. Cruzaron en un tiempo récord, cayeron en su trinchera de base como un gran montón de leña, jadeando y temblando; un hombre que golpeó a un alemán hasta la muerte con un ladrillo, acurrucado en el piso en un montón de sollozos. Los comandantes se movieron rápidamente, aislaron a los hombres e intentaron calmar a los más lúcidos para hacer un informe. Lo que se derramó habría sido inmediatamente descartado como mentiras y alucinaciones si no fuera por las miradas sinceras y suplicantes de aquellos que informaban. El comandante los calmó con explicaciones sobre fatiga de batalla y extrañas pruebas con armas de gas… y compartió miradas silenciosas y concentradas mientras los hombres acobardados eran conducidos afuera.
El cabo Lawrence tenía poco que informar. De su tiempo en el hoyo, él podría decir (o más bien diría) poco. Dijo que se había resbalado y había caído en lo que pudo haber sido un pozo subterráneo bloqueado durante mucho tiempo, o quizás una letrina enterrada. De los sonidos y olores reportados por el soldado, no tenía nada que decir, solo que había luchado poco tiempo, y luego logró salir justo cuando los hombres llegaron. Verdaderamente, no parecía estar peor por el desgaste. De hecho, parecía estar más animado de lo que muchos recordaban haberlo visto alguna vez, favoreciendo a los comandantes con una amplia y vertiginosa sonrisa mientras lo despedían con una advertencia de no discutir los eventos.
El cabo demostró ser un hombre diferente en los días siguientes. Era más hablador, pero rápidamente había hombres deseando su viejo e inquietante silencio. Él divagó acerca de las alegrías de espacios cercanos, de creación y destrucción que parecían surgir a su alrededor. Acerca de los placeres humanos perdidos, cuyas dimensiones y edades hicieron que algunos hombres amenazaran al cabo Lawrence con una muerte tranquila e innoble… que solo parecía estirar aún más la sonrisa casi constante en su rostro. El soldado Dixon, uno de los camaradas del cabo, le susurró a un amigo que se había despertado una vez para encontrar al cabo de pie sobre él en la noche, con los ojos tan brillantes y lisos como dólares de plata. Al día siguiente, encontraron que el soldado gruñía en el alambre de púas, con sus intestinos extendidos a casi tres metros a su alrededor en todas direcciones.
Ningún hombre de esa trinchera sobrevivió a la gran guerra, aunque pocos murieron en la batalla. Una oleada de enfermedad tomó la trinchera unos días después de la muerte del soldado Dixon. Una extraña y desagradable enfermedad, que parecía devorar la carne como ácido; los hombres despertando para encontrar carne previamente sana carcomida hasta los huesos, supurante y ennegrecida. Un sargento fue encontrado en una letrina, acosado por una alfombra viviente de ratas. Se negaron a abandonar el cuerpo incluso cuando les dispararon, y éstas atacaron a varios hombres antes de que el cuerpo fuera recuperado. El alivio finalmente llegó, la mayor parte de los hombres fueron enviados a varios hospitales, muchos muriendo antes de llegar a una cama.
El cabo Lawrence fue enviado a un pabellón psiquiátrico francés, transferido después de varias quejas del propio hospital donde fue enviado por primera vez. Parecía que su comportamiento insinuaba un creciente desequilibrio mental, que culminaba con un intento de asalto sexual a una enfermera, que terminó con la pérdida de tres dedos de su mano derecha, y la visión en su ojo derecho. El cabo despotricaría silenciosamente ante los otros pacientes, susurraría sobre interminables pasillos, buscaría en la oscuridad, con la carne extendiéndose como páginas de un libro. Fue despedido por demasiado estrés de posguerra, incluso cuando su comportamiento se volvió menos violento y más inquietante.
Desapareció varias veces de la sala, solo para aparecer varias horas más tarde, como si nada hubiera sucedido. Cuando se le presionaba, comenzaba a cantar "My Bonnie Lies Over The Sea" de forma interminable y monótona hasta que los doctores quedaban exasperados. Otros en la sala clamaban por ser transferidos del enajenado susurrante. Una hediondez rancia y mohosa parecía estar en el aire a dondequiera que se quedaba, y los incidentes de infección y esa enfermedad extraña y consumidora que había invadido su trinchera local parecían seguirlo como una nube. Se hicieron numerosos intentos para transferir al hombre, solo para encontrarse con la confusión burocrática. No se encontraron registros del hombre. No habían documentos de entrada, recomendaciones o incidentes, ni siquiera un certificado de nacimiento. A través de todo esto, se sentaba, durante horas y horas, con las piernas cruzadas en la cama, de vez en cuando tarareando sin melodía, o farfullando los nombres de sus compañeros de habitación entre risitas cortas y burbujeantes.
El cabo Lawrence y dieciocho hombres desaparecieron una noche de noviembre, entre una rotación de cinco minutos de enfermeras a las tres de la mañana. La habitación apestaba a óxido, aceite, moho y pudrición dulce. Gruesas franjas negras de excremento se desmoronaban cubriendo las camas y varias de las paredes, parches anchos que manchaban y devoraban el suelo. De los hombres, no había ningún signo, al principio. Mientras buscaban, una enfermera movió una cama a un lado, solo para gritar y casi tropezar con una de las hundidas y hediondas depresiones en el piso. En una espiral apretada y perfecta se veían cientos de dientes, que descansaban prolijamente en el suelo. Después de contar, representaron el total de todos los dientes de cada alma viviente en esa sala… excepto uno.
El cabo nunca fue encontrado, ni tampoco los hombres. El incidente fue tragado por el constante aluvión de horrores desde el frente, y olvidado con facilidad. Historias de una trinchera maldita vagaron por las líneas del frente, a menudo sofocadas por considerarlas de mala suerte. Aún así llegaron… historias de muertes extrañas, de hombres desaparecidos, encontrados días después, vivos, pero rotos y retorcidos más allá de la comprensión. Historias de una extraña y oscura figura acechando las ciudades bombardeadas de Europa.
Esta puede ser la única imagen conocida del cabo Lawrence jamás registrada, tomada varios días después de su regreso del agujero en la trinchera alemana.
domingo, 7 de mayo de 2017
El Hombre
-Así que dígame Señorita Palmer, desde el comienzo ¿Qué fue lo que vio? -Preguntó el oficial.
-Bueno, es un poco confuso… -Palmer, Alicia Palmer, era una mujer como cualquier otra. Casada con un hombre de negocios, tres hijos y una hermana. Había sido por ella que había caído en este lío-. Mi hermana, Emilia… era su cumpleaños ayer, y yo me había olvidado.
-De acuerdo, ¿Entonces que paso?
-Salí tarde, cuando el sol ya se había puesto, fui a la tienda de antigüedades, la que queda calle abajo del condominio en el que vivo. -Palmer tomo un momento para respirar-. Compre un reloj antiguo, uno de bolsillo, con detalles tallados en la parte trasera.
-Debo suponer que eso no le salió nada barato. -Dijo el oficial con una risa nerviosa
-Costo un ojo de la cara, pero mi hermana lo merecía, me había sacado de más problemas de los que podía contar.
El Oficial levanto una ceja. -¿Qué clase de problemas?
-¡Oh! No, no, no es nada ilegal… solo que en la línea de trabajo en la que solía estar algunos hombres se ponían… "violentos".
-¿Podría yo preguntar que trabajo era ese?
Alicia se sonrojo. -Yo… yo era una bailarina en un café, mi hermana también, ¡pero ese no es el punto!
-De acuerdo, no se desespere. Continúe con la historia. -Dijo el oficial.
-Caminaba yo de vuelta a casa, cuando oí un grito de dolor, uno de esos que solo un hombre moribundo haría.
-De acuerdo, ¿qué más?
-Fui, contra mi sentido común, hacia el callejón de donde venía… y ahí lo vi. -Alicia pauso por un momento, y contuvo un llanto-. Un hombre muriendo, partido en dos, su sangre en todos lados y sus viseras esparcidas por la calle.
-Oh dios. -Dijo sorprendido el Oficial-. Si necesita un momento…
-No… Eso no fue lo más raro. -Palmer miro a la ventana-. Oí otro sonido… era como un pitido ahogado, como un grito contra una almohada, y, casi como si estuviera en un trance, avance más por el callejón, y ahí esta él.
-¿Quién? -Pregunto el oficial perplejo.
-El Hombre.
-¿El Hombre? -Pregunto el policía.
-Sí. Y una cosa gigantesca, con grandes garras y escamas, lleno de heridas abiertas estaba a sus pies. -Palmer inhalo y exhalo-. Lo tapaba la oscuridad así que no vi su cara, pero pude ver su gabardina y sombrero negros. Varias personas estaban en el suelo, mientras que otras, arrodilladas, les ponían unas mascarillas conectadas a alguna especie de contenedor.
-Discúlpeme señorita, pero esto suena como un sueño. -Dijo el oficial, reclinándose en su silla al otro lado del escritorio.
-Yo también creí que lo era, pero se veía muy real, aterradoramente real. El hombre en la gabardina me miro, pude ver un brillo en su cara cuando mis ojos lo rozaron. Escape instantáneamente, corrí como si no hubiera un mañana y llegue a mi casa. Y ahí mi esposo me recibió.
-Hábleme de su esposo, ¿Sabe el de esto?
-Adam… oh Adam. Por supuesto que él sabe, pero no me creyó, ni siquiera cuando una carta en el correo llego y decía solo una cosa: NI UNA PALABRA.
El oficial tomo un sorbo de su taza de café -¿Le han dicho que usted haría una buena novela?
-¡SI NO ME TOMAN EN SERIO NO SE POR QUE ME MOLESTO EN VENIR AQUÍ! -Palmer se levantó.
-De acuerdo, puedes irte… pero no conseguirás más ayuda alla afuera que aquí. -Palmer se sintió algo mareada, y un terror se apodero de su mente. Era verdad, debía convencer al agente, porque nadie más podría ayudar. Se volvió a sentar.
-De acuerdo, ¿Qué paso después?
-A través de mi día a día, yo los veía. El Hombre. Muchos Hombres. Hombres en gabardinas negras. Observándome. Desde la calle, las ventanas de los edificios, esperando en el metro… era horrible.
-Y, ¿Por qué nunca le hablo a este “hombre”?
-Porque cada vez que me acercaba, algo pasaba, yo me distraía, y ya se había ido. Pasaron dos semanas así, y yo creí que solo fue coincidencia, tal vez estuve en medio del trabajo secreto de una compañía o algo y ahora me observaban para que no lo filtrara a otra compañía rival o algo…
-¿Qué la hizo cambiar de opinión y venir aquí?
-Vera… una noche cuando todas las luces estaban apagadas… oí algo en la cocina, desperté a Adam y el bajo a investigar. Paso un largo rato, así que me preocupe, cuando baje a verlo estaba en el suelo, uno de los hombres que había visto le había puesto una mascarilla en la boca… Y el Hombre de la gabardina estaba ahí… me observaba fijamente. Extendió sus manos hacia mí, como para ahorcarme, así que corrí y corrí… y vine aquí para pedir su ayuda.
El oficial se levantó, y rascándose la barbilla dijo -Pues eso aún suena como un montón de locuras.
-¡Por favor tiene que creerme!
-Creo que solo tuvo un exceso de alcohol en la fiesta de tu hermana e imagino todo eso.
-¿Qué?
-Creo que cuando despierte, todo se verá como un sueño, y usted volverá a su vida normal.
Alicia abrió la boca para decir algo, pero desde detrás de ella dos manos aparecieron, una la sujetó y la otra le cubrió la boca con una mascarilla. Lentamente todo se fue a negro.
Alicia despertó. Miro a su alrededor; estaba en su habitación, con su esposo sentado al lado de ella.
Adam la miro y dijo -¡Oh cariño! Me tenías preocupado.
-¿Qué paso?
-Después de la fiesta de Emilia quedaste inconsciente por un exceso de bebidas… no sé por qué te deje tomar tanto…
Alicia parpadeo confundida -Pero… yo recuerdo, aun…
-¿Recordar que?
-Nada… solo una pesadilla.
-¿Y de que trataba?
Alicia cerro los ojos -Del Hombre.
-Siempre parecen recordar un poco más de lo esperado.
-Si señor.
-Necesitaremos amnésicos más fuertes.
-¿Debería informar al director?
-¿Crees que aun eres un médico en el ejército? Siempre debes informar al Director, hijo. Esto no es el ejército, es la Fundación.
Y con eso ambas figuras en gabardinas oscuras desaparecieron en la oscuridad de la calle.
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